Adalberto García López: “Genealogia”

 

 

 

Poesia tradotta da Erika Romano (Università degli Studi di Macerata) e letta da Francesca Di Presa

 

GENEALOGIA

 

There you are, in all your innocence

TED HUGHES

 

Questo è guardare una fotografia

di oltre vent’anni fa.

 

Venti anni come una nave

attraversando venti mari.

 

Non è la storia di una fotografia,

è a stento il mio ricordo.

 

La linea fugace nel cielo

traccia ciò che posso ricostruire.

 

Un susseguirsi di tenebre

che tessono la loro canzone a fatica,

 

una parete quasi bianca

dove soltanto l’ombra riposa.

 

Di quanto poco ci accontentavamo

ed eravamo felici.

 

 

GENEALOGÍA

 

There you are, in all your innocence

TED HUGHES

 

Esto es mirar una fotografía

de hace más de veinte años.

 

Veinte años como un barco

atravesando veinte mares.

 

No es la historia de una fotografía,

es apenas mi recuerdo.

 

La fugaz línea en el cielo

raya lo que puedo reconstruir.

 

Una sucesión de oscuridades

que tejen su canción a duras penas,

 

una pared casi blanca

donde solamente la sombra reposa.

 

Con qué poco nos conformábamos

y éramos felices.

 

Leído por Antonio Martínez Arboleda

Isabel González Gil: “Io ti dico”

 

 

 

Poesia tradotta da Federica Zenobi (Università degli Studi di Macerata) e letta  da Francesca De Presa

 

 

Io ti dico che prima della creazione 

della terra e dei cieli

c’era solo acqua

c’era solo acqua prima di Dio

 

una fossa nella grande palpebra

Tu mi dici di no

 

che al principio c’era la parola

che ci ha fatto tutti a pezzi 

che i canti immortali dell’oceano

 

sono fantasmi che portano in mare aperto 

i pescatori

che l’acqua è lo specchio

delle sfere celesti che orbitano

dall’amore al verbo 

 

Io taccio e mi nascondo per abitudine

l’amo dorato che mi solca il petto

dal giorno in cui entrai nell’oceano

desiderando quella parola per prima

 

 

 

 

Yo te digo que antes de la creación

de la tierra y de los cielos

solo había agua

que hubo agua antes del Dios

 

una sima en el gran párpado 

Tú me dices que no

 

que en el principio era la palabra

de la que todos fuimos añicos 

que los cantos inmortales de Océano

son fantasmas que traen de alta mar 

los pescadores

que el agua es el espejo

de las esferas celestes que orbitan

de amor al verbo

 

Yo me callo y escondo por rutina

el anzuelo dorado que me surca el pecho

desde el día en que entré en el Océano

deseando aquella palabra primera

 

Leído por Antonio Martínez Arboleda

Fotografía de José Amador Martín (Crear en Salamanca)

Isabel González Gil: “Arriviamo in ritardo”

 

 

 

Poesia tradotta da Federica Zenobi (Università degli Studi di Macerata) e letta da Francesca Di Presa

 

Arriviamo in ritardo. Avevano già venduto l’alba, la cattedrale, i cortili.

Tracciavano strade nuove, alzavano molti mattoni, vicoli ciechi su un centro commerciale e scheletri di alberi.

Arrivavamo dopo. Vivremmo lì, in una gabbia d’aria.

Vivremmo in malandate periferie che dividono l’autostrada, in quartieri malandati, in angoli disegnati senza richiesta.

Mandarono le scavatrici, appagate dal valore urbano. Bisognava scendere – salire – scendere, superare l’impossibile arteria.

Arrampicarsi sui cavalcavia o dormire durante l’ora di lavoro.

Dormire la vita di altri. Immergere l’ira della notte scarsa. Arrivavamo dopo.

Non rimanevano liane, né pomeriggi per gli ultimi arrivati. Ci eravamo venduti per un falso bagliore. Non c’era eredità.

Ingoiavamo spade a forma di ostia. Ingoiavamo visi, ognuno nubile, più etereo. Scherzavamo sull’essere contorti.

Arrivavamo in ritardo.

 

 

 

 

Llegamos tarde. Ya habían vendido la aurora, la catedral, los patios.

Trazaban avenidas nuevas, levantaban moles de ladrillo, callejones sin salida a un centro comercial y esqueletos de árboles.

Llegábamos después. Viviríamos allí, en una de las jaulas de aire. 

Viviríamos en desvencijados arrabales que seccionan autopistas, en aceras resecas, en esquinas dibujadas sin grito.

Mandaron sus excavadoras, la vanguardia ahíta de valor urbano. Había que bajar–subir–bajar atravesar la imposible arteria.

Trepar por desniveles o dormir la hora maquinal.

Dormir vida de otros. Sumergir la ira de escasa noche. Llegábamos después.

No quedaban enredaderas ni tardes para los recién venidos. Nos habían vendido por un falso brillo. No había heredad. 

Tragábamos espadas con forma de oblea. Engullíamos rostros, a cada cual más núbil, más etéreo. Bromeábamos con el ser desencajado. 

Llegábamos tarde.

 

Leído por Antonio Martínez Arboleda

Fotografía de José Amador Martín (Crear en Salamanca)

Isabel González Gil: “Tornare”

 

 

Poesia tradotta da Federica Zenobi (Università degli Studi di Macerata) e letta da Francesca Di Presa

 

Tornare

raccogliere i frammenti

di un’immagine precedente

con mano

cieca

sorda

ammutolita

specchio rotto

che il tempo ha affilato

inventare una storia in cui combacino

restituire i prestiti ai loro padroni

tutti sembrano pezzi superflui o mancanti

 

 

 

 

Volver 

recoger los fragmentos 

de una imagen previa

con mano

ciega

sorda

enmudecida

espejo roto 

que el tiempo ha afilado

inventar una historia donde encajen 

devolver las prestadas a sus dueños

todas parecen piezas sobrantes o faltantes

 

Leído por Antonio Martínez Arboleda

Fotografía de José Amador Martín (Crear en Salamanca)

Juan Frau García: “A un nome perdido no caminho”

 

A un nome perdido no caminho

 

Traduzido e lido por Georgia Turano Rodríguez (University of Leeds)

 

Já não tenho seu nome,

eu o perdi,

e agora

não sei mais como você se chama; procuro

pelos bolsos, no meu calendário,

no ar estagnado nas cortinas;

lembro-me de algumas letras, mas não sei em que ordem

devo juntá-las; continuo portanto,

procurando seu nome, e reviro

os móveis, a memória, os sapatos,

olho debaixo da cama, no espelho, no mundo

que envelhece pela janela.

Não consigo encontrá-lo.

 

Percebi esta manhã, folheando o álbum de fotos;

cada objeto tinha uma palavra:

árvore, torre, turista, nuvem, céu,

mas você era apenas um pronome,

era apenas ela:

blusa azul de alças, bolsa, óculos

de sol, sorriso, shorts…

e ela,

e você,

e como você se chamava,

e como eu a chamava em vão,

quando não respondia, quando estava longe

tanto quanto estão agora.

 

Não que eu queira lhe falar, sabemos bem

que não resta um minuto nos relógios

que rompemos, é apenas porque

gosto de saber onde ponho as coisas,

não vá ser que um dia dê de cara com seu nome

no momento menos indicado,

mas também porque noto um vazio escandaloso

na parte mais triste da língua:

onde antes ficava seu nome, agora há uma sombra

que dói quando muda o tempo,

que avisa quando vai chover

e garante uma noite interminável

de pupilas cravadas no escuro.

 

 

A un nombre extraviado en el camino

 

Ya no tengo tu nombre,

lo he perdido,

y ahora

no sé cómo te llamas; no lo encuentro

por los bolsillos, ni en mi calendario,

ni en el aire estancado en las cortinas;

recuerdo algunas letras, pero no sé en qué orden

debo juntarlas; sigo, por lo tanto,

buscándolo, y remuevo

los muebles, la memoria, los zapatos, me asomo

debajo de la cama, y al espejo, y al mundo

que envejece detrás de la ventana.

Tu nombre no aparece.

 

Lo noté esta mañana, viendo el álbum de fotos;

cada objeto tenía su palabra:

árbol, torre, turista, nube, cielo,

pero tú sólo eras un pronombre,

apenas eras ella:

blusa azul de tirantes, bolso, gafas

de sol, sonrisa, pantalones cortos…

y ella,

y tú,

y cómo te llamabas,

y cómo la llamaba cuando lo hacía en vano,

cuando no respondías, cuando estaba tan lejos

como ahora lo estáis.

No es que quiera llamarte, bien sabemos

que no queda un minuto en los relojes

que rompimos, es sólo

que me gusta saber dónde pongo las cosas,

que no me quiero dar contra tu nombre un día

en el momento menos indicado,

y que noto un vacío escandaloso

en la parte más triste de la lengua:

donde estaba tu nombre tengo un hueco sombrío

que duele cuando va a cambiar el tiempo,

que avisa cuando llega la estación de las lluvias

y asegura una noche interminable

de pupilas clavadas en lo oscuro.

Leído por el autor

Foto de @EDITORIALUS (Twitter)