Andrés de la Orden

Andrés de la Orden
MUERE EL PEZ

 

 

Anoche

vino Cartáfilo

a decirme que podía errar

eternamente con él.

Me aseguró, sobrio, sediento

como el mismo Jesús al que negó

el último trago, que nunca

moriríamos

hasta que Satán y Dios se sentaran en estrados

a juzgarnos culpables.

Tendremos tiempo, me dijo, para vaciar

las próstatas edematosas

de tantos pecados y tantísimas

falacias, de saciarnos de carne joven

y de los gusanos

de la miseria.

 

Dudé por un momento.

Yo no he matado a nadie, contesté, esta

tu maldición

no ha de ser la mía, yo quiero

algún día

ser sepultado

y llorado.

Mientes, Longino, me contestó, tu lanza

hiende el costado de Cristo

cada vez que abres la puta

boca.

 

Andrea Uña

Andrea Uña
LOS DÍAS CONTADOS

 

 

                                    (Dedicado al Castaño de

                                    Indias de las Calzadas de Mallona)

 

 

La luna de Grecia me vio nacer.

Me llevaron a Turquía.

No sé muy bien cómo llegué,

pero llevo  ya casi cien años

en esta ciudad.

En mi juventud fui

alto y esbelto;

ahora, sin embargo,

me he convertido en un árbol deforme

-eso dicen algunos-.

Mi rugosa corteza centenaria

delata mi vejez y les molesto.

He visto jugar a niños sobre mis pies.

He crecido con risas y música, año

tras año, viendo subir y bajar

caminantes a las Romerías.

 

He sido cómplice de citas clandestinas,

de amores furtivos, amparados

por mi sombra.

soy  la historia viva de generaciones.

pero ahora les estorbo,

molesto, quito luz, me quieren matar,

arrancar mis raíces, silenciar para siempre

el suave aleteo de mis ramas.

 

Ana María Pérez Díez

Ana María Pérez Díez
ESTE MAR NO ES AZUL

 

 

Hay días en que el mar

simplemente enloquece.

 

Ya no atiende a razones,

a los consejos de cetáceos

venerables,

ni a los requerimientos de sirenas

de intención viperina.

 

Un mar que, descompuesto,

devuelve a los mortales

restos de su inmundicia:

pedazos oxidados

de un mundo de metal,

y una espuma lechosa

que nace en las costillas

de los barcos hundidos.

 

Hay noches en que el mar

escupe gente.

Son una especie nueva

de peces expulsados

de todas las orillas,

que se hundieron con todo,

con lo que se dejaron,

con lo que no tendrán.

 

Arriban esparcidos a la playa

-moluscos arrancados del racimo-

y nosotros, higiénicos

mariscadores de la muerte,

colocamos sus cuerpos

en cajas de madera.

 

Pero el mar no desiste

y piensa devolvernos cada astilla

de cada caja

para naufragio nuestro.

Amparo Santana

Amparo Santana
UN SUEÑO ENROSCADO

 

 

Al amanecer

se escapan las rosas del jardín

para bañarse en la fuente

con carpas ansiosas de tacto.

 

Los pájaros entonan

un réquiem

para saludar al mundo

que se apresura inquieto.

 

Por las calles circula

un olor a desayuno

que destila voluntades,

mientras unos pocos comen.

 

Y todo parece al revés

pero no importa,

se han convertido en humo azul

las jacarandas.

Amalia Martínez

Amalia Martínez
PARTIR POR PARTIR

 

 

Partir por partir,

sin meta fija,

que cada jornada invente sus pasos

y sus horas,

que decida sus cumplimientos

y sus deudas.

 

Andar por andar,

buscar como los que no buscan

porque caminan despojados de certezas.

 

Marchar,

marchar lejos,

y con los pasos

trazar un mapa de geometría axial

-fundidos en una sola línea

lo real y lo imaginado-.

 

Caminar sin pausa

y al llegar

 

-lo nuevo ardiendo en la lengua-

 

darse cuenta de que estamos

en el  inicio.

 

 

Alberto Fernández Salmerón

Alberto Fdez. Salmerón
YA NO TE PIDO AMOR

 

 

En el oleaje de tus caderas navega el origen de todos los océanos. El aullido efímero de un loco, que transcribe en cada metáfora la simbología de la piedra y la luna solidificada en cada respiración.

Solicito audiencia ante el deseo, recurro a la transición del gas que emanan las chimeneas encendidas, hebra de luz desprendiendo sus pretensiones en cada blanco pétalo, para hacerse más cómplice, más nuestro.

La estaca ya ha sido afilada. El ave fénix redimido, la flor desmembrada por el húmedo invierno que se acicala para evaporar la lluvia.

Ya no te pido amor, esa, es ahora mi verdad. A cada segundo esa verdad se convierte en media verdad, y luego degenera y yace en el asilo de la mentira, regida por el absoluto.

En el amor las conclusiones son las que te enamoran, luego sus porqués. Mañana será otro día, de eso no cabe duda o sí.

 

 

 

 

 

 

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