Elena Escribano

Elena Escribano
VENTANA CON REFLEJO

 

 

La miran los mismos ojos de la mujer

que hace treinta y cinco años la miraban.

 

También ahora tiene un libro entre las manos

y un lápiz, con el que subraya “las ideas

esenciales” de un texto

de retórica.

 

El reflejo en la ventana

no tiene misericordia,

–ni ella la necesita–.

Lleva treinta y cinco años mirando

el tiempo,

cómo modifica la firmeza de sus rasgos,

de los brazos,

de su pecho.

 

Con dureza, porque el tiempo no precisa suavidades,

allí está observándola, preguntándole.

La respuesta está en el reflejo

del cristal de esa noche en la ventana.

 

El aire que la oxida

también ha reforzado sus defensas

y ahora puede volar con todas sus heridas.

 

Los mismos ojos miran el reflejo

de la misma mujer en la ventana.

 

El corazón es el mismo de los diecisiete, de los

veintisiete, de los treinta y siete,

cuando aún se atreve a navegar por                        la inocencia

a los treinta de los treinta años de su vida.

 

Pero cuando el grueso cable anuda

en el oxidado amarre

sesabe de memoria la rosa de los vientos.

 

Lo único preciso es que no haya disminuido

la pasión, ese incendio en el que arde

con todos los errores y aciertos de su vida.

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