Juan Frau García: “A un nome perdido no caminho”

 

A un nome perdido no caminho

 

Traduzido e lido por Georgia Turano Rodríguez (University of Leeds)

 

Já não tenho seu nome,

eu o perdi,

e agora

não sei mais como você se chama; procuro

pelos bolsos, no meu calendário,

no ar estagnado nas cortinas;

lembro-me de algumas letras, mas não sei em que ordem

devo juntá-las; continuo portanto,

procurando seu nome, e reviro

os móveis, a memória, os sapatos,

olho debaixo da cama, no espelho, no mundo

que envelhece pela janela.

Não consigo encontrá-lo.

 

Percebi esta manhã, folheando o álbum de fotos;

cada objeto tinha uma palavra:

árvore, torre, turista, nuvem, céu,

mas você era apenas um pronome,

era apenas ela:

blusa azul de alças, bolsa, óculos

de sol, sorriso, shorts…

e ela,

e você,

e como você se chamava,

e como eu a chamava em vão,

quando não respondia, quando estava longe

tanto quanto estão agora.

 

Não que eu queira lhe falar, sabemos bem

que não resta um minuto nos relógios

que rompemos, é apenas porque

gosto de saber onde ponho as coisas,

não vá ser que um dia dê de cara com seu nome

no momento menos indicado,

mas também porque noto um vazio escandaloso

na parte mais triste da língua:

onde antes ficava seu nome, agora há uma sombra

que dói quando muda o tempo,

que avisa quando vai chover

e garante uma noite interminável

de pupilas cravadas no escuro.

 

 

A un nombre extraviado en el camino

 

Ya no tengo tu nombre,

lo he perdido,

y ahora

no sé cómo te llamas; no lo encuentro

por los bolsillos, ni en mi calendario,

ni en el aire estancado en las cortinas;

recuerdo algunas letras, pero no sé en qué orden

debo juntarlas; sigo, por lo tanto,

buscándolo, y remuevo

los muebles, la memoria, los zapatos, me asomo

debajo de la cama, y al espejo, y al mundo

que envejece detrás de la ventana.

Tu nombre no aparece.

 

Lo noté esta mañana, viendo el álbum de fotos;

cada objeto tenía su palabra:

árbol, torre, turista, nube, cielo,

pero tú sólo eras un pronombre,

apenas eras ella:

blusa azul de tirantes, bolso, gafas

de sol, sonrisa, pantalones cortos…

y ella,

y tú,

y cómo te llamabas,

y cómo la llamaba cuando lo hacía en vano,

cuando no respondías, cuando estaba tan lejos

como ahora lo estáis.

No es que quiera llamarte, bien sabemos

que no queda un minuto en los relojes

que rompimos, es sólo

que me gusta saber dónde pongo las cosas,

que no me quiero dar contra tu nombre un día

en el momento menos indicado,

y que noto un vacío escandaloso

en la parte más triste de la lengua:

donde estaba tu nombre tengo un hueco sombrío

que duele cuando va a cambiar el tiempo,

que avisa cuando llega la estación de las lluvias

y asegura una noche interminable

de pupilas clavadas en lo oscuro.

Leído por el autor

Foto de @EDITORIALUS (Twitter)

Marina Lomar

Marina Lomar
CIERRO LOS OJOS

 

 

Recuerdo

la voz grave del alba,

los paseos entre helechos

y, en sus dedos,

el aroma dorado de la luz.

 

Lo recuerdo todo,

incluso a mi madre,

 

cuando aún me quería.

Arrugado en el fondo del armario,

yace aquel vestido blanco,

y han caído las margaritas

de mis trenzas.

Todo se rinde al silencio.

 

Quiero doblegar la memoria,

desgarrar el collar gris de los días

 

y que me devuelva

un millar de amapolas.