José Antonio Olmedo: “Invisible nature”

José Antonio Olmedo
Invisible Nature

 

Translated by Melissa Tehrani

 

To Gloria Frutos

 

Born of present dreams

Is the worth of future’s science.

 

The inspiration, the everlasting seed,

An umbel of solutions standing against nothing.

 

Were it not for our insignificance

We’d see the skies in panoramas.

 

We think a million different rocks;

Are born from one unique Pangea.

 

That’s why the distance overwhelms us,

Yielding treatises of deception.

 

Death is the stuff of fears,

A threat forever unfulfilled.

 

Residing in the molecules of life

A compelling, undying eagerness.

 

Love is the enzyme producing

The perpetual atavism of souls.

 

Love is the purpose of Time

Which often, is flogged for its absence.

 

Music is silence without love

Oblivion engulfing flesh within.

 

Through the Sun’s love for the earth

Grows the flower, adored by the water.

 

Invisible Nature (Naturaleza invisible) in Spanish

 

LA NATURALEZA INVISIBLE             

 

 

A Gloria Frutos                                               

 

Proviene de los sueños del presente

el valor de la ciencia del futuro.

 

La Inspiración, semilla sempiterna,

umbela solución frente a la nada.

 

De no ser por nuestra insignificancia

veríamos panópticos los cielos.

 

Pensamos que hay mil rocas diferentes;

provienen de una unívoca pangea.

 

Por eso las distancias nos abruman

y nos vierten tratados engañosos.

 

La Muerte es invento de los temores,

una amenaza que jamás se cumple.

 

Radica en las moléculas de vida

un imperioso afán superviviente.

 

El Amor es la enzima que produce

el perpetuo atavismo de las almas.

 

Amor es el propósito del Tiempo

que a veces se flagela por su ausencia.

 

La Música es silencio sin amor

olvido que se cierne carne adentro.

 

Por el amor del Sol hacia la tierra

crece la flor, amada por el agua.

 

Vicente Gallego: “Canto XLVIII”

CANTO XLVIII by VIcente Gallego

 

Translated by Mike Baynham

 

What is softer than dying?

For that, nobody should be bothered,

no-one goes or stays, everything shines on

in that final midday absence.

 

One after the other, what

soft sparrow steps we take

at the very edge

never making a false move.

 

All made of light, forgetful of her dead,

Mother Death opens her heart.

 

Among such ones, Juan

de Yepes was a man

to grasp these things

in the pure poverty of vision.

 

“What time is it?” He asked.

“Not quite midday,” they replied.

 

“Before it has struck twelve,

I will be singing matins

in the glory of my Lord my love.

 

The brothers still present wept.

 

Wanting to read prayers over him

and commend his soul to God,

they took up the breviary,

 

but he set them right.

“For the love of God leave it,

be quiet. Father, just read me

the Song of Songs.

The rest is not necessary.”

 

So he heard on the lips of a friend

that song of love which he

had augmented with his own song

and in his going forth it lingered

and lingering gave the moment calm.

 

Death passed over Juan

and as she passed, he said

“What pretty daisies! And then

the cloister opened to the mountains,

leaving death to shine on in the sun.

 

There being no necessity in his dying

how softly Juan de Yepes

saw in his death its flowers.

 

CANTO XLVIII IN SPANISH

 

 

¿Qué habrá más delicado que morir?

 

No se molesta a nadie para eso,

nadie se va o se queda, y todo brilla

al final por su ausencia meridiana.

 

Unos detrás de otros,

qué paso delicado de gorriones

dimos al borde mismo

de nunca habernos dado un mal alcance.

 

Toda luz, olvidada de sus muertos,

abre su corazón la madre muerte.

 

Estaba en esas Juan

de Yepes, un hombre

de saberse estas cosas en la pura

pobreza de la vista.

 

«¿Qué hora es?», preguntó.

 

«No son las doce aún», le respondieron.

 

«No llegarán a serlas y estaré

cantando ya maitines en la gloria

del Señor de mi amor».

 

Lo lloraban los frailes aún presente.

 

Tomaron el breviario,

le quisieron leer

la recomendación del alma.

 

Él los puso en lo cierto:

«Déjenlo, por amor

de Dios y aquiétense. Dígame, padre,

de los Cantares sólo,

que eso no es menester».

 

Oía de la boca de un amigo

aquel cantar de amores que él hiciese

crecerse con el suyo, y ya iba queda,

quedándose la hora sosegada.

 

Pasó por Juan la muerte;

dijo él a su paso: «¡Qué preciosas

margaritas!», y allí

se abrió el claustro a los montes,

quedó la muerte lúcida de sol.

 

No habiendo menester en su morir,

qué delicadamente vio

en su muerte sus flores Juan de Yepes.