Pepa Torres

Pepa Torres
LA ARAÑA

 

 

En la puerta de su casa

muy temprano, esta mañana

ha colgado doña Araña

un grandísimo cartel:

 

Se corta, cose y apaña

Además……

te pongo el hilo.

 

Doña Araña, cazadora,

está muy trabajadora,

y como lo hace tan bien

ya tiene muchos encargos,

y se ha sentado a coser.

 

Para la pequeña Ardilla

una falda con puntillas.

Una capa con un lazo,

le pide el Escarabajo.

Don Zorro, tan presumido,

ha encargado un buen abrigo.

Y una caliente chaqueta

le ha pedido la Mofeta.

 

Pero lo más adecuado

que está haciendo doña Araña,

es un enorme pañuelo

que ha encargado el Elefante

porque está muy resfriado.

 

-¡Ay, cuánto trabajo hay,

no puedo ni descansar! .

-dice gimiendo la Araña

pegadita a su telar.

 

(Del inédito Animalísssimosss)

Marina Lomar

Marina Lomar
CIERRO LOS OJOS

 

 

Recuerdo

la voz grave del alba,

los paseos entre helechos

y, en sus dedos,

el aroma dorado de la luz.

 

Lo recuerdo todo,

incluso a mi madre,

 

cuando aún me quería.

Arrugado en el fondo del armario,

yace aquel vestido blanco,

y han caído las margaritas

de mis trenzas.

Todo se rinde al silencio.

 

Quiero doblegar la memoria,

desgarrar el collar gris de los días

 

y que me devuelva

un millar de amapolas.

María José Pastor

María José Pastor

 

A Julia Kristeva

 

 

1

 

Recorro ese trayecto hacia los verbos

que levitando en azar se engarzan y

en sus hilos mis alas catalizan

y enlazan la escritura.

 

Camino hacia el recinto en que hechos aire

desnacen de su esencia mientras yo

apenas soy presencia y desconozco

los signos convenidos.

 

Me deslizo a lo hondo buceando

en busca de la espuma el burbujeo

en busca del bullicio donde hierven.

 

Y observo con los párpados cerrados

cómo pulsan mis células de nieve

y cabalgan curiosas las palabras

a lomos de pegasos que se besan.

 

 

2

 

Me traslado sin brújula y a tientas

con los brazos tendidos como el ciego

que palpa hasta topar con lo seguro

y se mece y se cobija en la música

del esférico vientre de su madre.

 

 

3

 

Sargazos en el cuerpo

claustro materno sedas

lamidos sargazos de infancia limbo.

 

Ingravidez de luna

arteria umbilical

sin sed de soluciones

letargo de ignorancia.

 

 

4

 

Pulsión que nos persigue

rabiando hasta la muerte

que fuimos escindidos .

 

Y por eso tus brazos…

tus brazos los abrazos

las olas los sargazos

tu sexo donde apago mis vaivenes

donde por fin se esfuma mi conciencia.

 

Un ámbito de síntesis

espacio en que sacudo

mis membranas porosas y el perfume

de mis humores flota en lo sagrado

ancestro que se incrusta en nuestros átomos

aroma que en el aire es innombrable.

 

 

Juan Pablo Zapater

Juan Pablo Zapater
LA EXTRAVIADA

 

 

Tu voz me conmovió desde el principio,

cuando apenas tu idioma conocía

y llenabas con nuevos evangelios

la bóveda del alma.

 

Aquellos cantos mágicos tan tuyos

sonaban como música traída

de un reino prodigioso, como rezos

que buscaban un dios

escondido entre pétalos de rosa.

 

Juré tomar tus hábitos y anduve,

descalzo y penitente,

en mi humilde labor de escribanía.

Yo quería imitarte: por las noches

me sentaba a tu lado y de mi pecho

se escapaban también aves azules.

 

Eras tan especial, tan poderosa,

que pronto decidí afrontar contigo

los momentos de duda, los reveses

del amor y la vida, circundados

de encierro y soledad. Yo te llamaba

espadas como labios, la voz a ti debida,

canción desesperada y otros nombres

preciosos como esos.

 

Mas algo en mí cambió y en veinte años

dejé de convocarte y me entretuve

montando otros caballos de batalla.

Olvidé la ternura de tus brazos

y también su desnuda fortaleza.

 

¿Fui yo quien te perdí? Nadie te huye

si no le das la espalda, si no cesas

de decirle al oído esas verdades

que sólo tú conoces.

Qué larga fue la noche de tu ausencia,

qué enferma de silencio.

 

Hoy has vuelto, tan honda y luminosa

como yo te recuerdo, sin dejarme

ni entonar un reproche.

 

Y el verso que derramas en mi frente,

hecho de luz cantada y viento dulce,

renueva mi bautismo con su lluvia

de benditas palabras.

 

 

(Del libro La velocidad del sueño)

Juan Pardo

Juan Pardo
LA CASA DE MADERA SOBRE EL ÁRBOL

 

 

Donde nuestra memoria pide asilo

siempre habrá un nido al que trepar en busca

de un polluelo emplumado y una rama

quebradiza que nos traiga de vuelta

a la realidad de los semáforos

y las prohibiciones de los años.

Cosas de niños, árboles y pájaros,

la infancia es un país que ya no existe.

Juan Noyes

Juan Noyes
SUMA SOLAR

 

 

Para Marta, in memoriam,

                        y para Andrés Sánchez Robayna.

 

No separes, Señor, así en los cielos, a quien ha consagrado tan altamente amor, aquí en las secas rocas, con las saetas de un sol de cristal.

De ese sol malherida la añoranza de un cuerpo, y en la academia del llorar cansado por la que fue la mitad de sí mismo.

Aquí sella los labios, buscando en mar océana fundamento y castillo para el huerto angustioso. ¡Locura transformada en la forma más alta de razón!

Aquí sella los labios, la resurrección de la carne anhela, con la pujanza de este ser ahora, con la añoranza de este ser vivísimo.

Con la añoranza de este ser vivísimo, y en la pasión ascensional del cántico, caen los requiebros del agua pura.

Caen los requiebros del agua pura, evocando un día de aire, en la torre.

 

 

24 – 25 de diciembre y 2015

 

José Iniesta

José Iniesta
AMOR EN EL BALCÓN                                       

 

 

De nuevo es el amor quien me sostiene.

Por él estoy despierto y me levanto

en medio de la noche,

descorro las cortinas,

y un ímpetu me empuja a salir fuera,

al silente balcón de los desvelos.

 

Soy savia que no finge su principio,

la tensión penetrando más adentro

su obstinada raíz entre las rocas

para ser en la rama del otoño

primavera y raudal de tanta vida,

la danza por el aire de las hojas,

el fruto suspendido en su sabor.

 

Flechado estoy sin tiempo y decidido.

Vigilo por amor, sin pensamiento,

los astros de la noche por más verte,

me apoyo en la baranda frente al mundo.

Y el mundo, no presiente mi alegría,

ignora las palabras

ardidas en el cántico

que anhelan balbucir en su vislumbre

tu nombre que se nombra en el silencio

con verdad y belleza.

 

De nuevo es el amor quien me sostiene.

Tan sólo por amor alcé esta casa,

dispuse la arboleda en el jardín,

dejé manar la fuente hasta la piedra

pulida de la sed y las derrotas.

Ingreso en el espacio enamorado.

Transito por la alcoba de mi dueño,

y es vida lo que vivo al acercarme

al presente perfecto de tu abrazo,

al dulce son seguro

desde tu aliento siempre.

José Antonio Olmedo

José Antonio Olmedo
LA NATURALEZA INVISIBLE             

 

 

A Gloria Frutos                                               

 

Proviene de los sueños del presente

el valor de la ciencia del futuro.

 

La Inspiración, semilla sempiterna,

umbela solución frente a la nada.

 

De no ser por nuestra insignificancia

veríamos panópticos los cielos.

 

Pensamos que hay mil rocas diferentes;

provienen de una unívoca pangea.

 

Por eso las distancias nos abruman

y nos vierten tratados engañosos.

 

La Muerte es invento de los temores,

una amenaza que jamás se cumple.

 

Radica en las moléculas de vida

un imperioso afán superviviente.

 

El Amor es la enzima que produce

el perpetuo atavismo de las almas.

 

Amor es el propósito del Tiempo

que a veces se flagela por su ausencia.

 

La Música es silencio sin amor

olvido que se cierne carne adentro.

 

Por el amor del Sol hacia la tierra

crece la flor, amada por el agua.

 

Antonio Praena

Antonio Praena
8 DE JUNIO

 

 

Nací el 8 de junio.

Toda la luz se derramó en mi sangre,

pero hace tiempo que no encuentro

ni la luz ni mi sangre.

 

Pensé que era mejor poner mi vida

muy lejos de las cosas que he querido,

muy lejos de las cosas de este mundo,

muy lejos de tu amor, que ha sido el mundo.

 

Me fui fuera de ti

para poder volver un día

curado de la bestia que me ocupa.

Pero la bestia se ha hecho grande,

tan grande como puede hacerse un hombre,

y vamos los dos juntos de la mano

camino de la muerte:

¡si me vieras!,

los ojos que quisiste son agujas

clavadas hacia dentro.

 

Soy uno de esos hombres que desguaza

las flores con sus botas de jinete.

Consumo polen ácido,

comulgo reno crudo, escupo arcilla.

Me digo con palabras que les lamen

los ojos cancerosas a los ciegos.

Confieso que he bebido cera hirviente

tratando de sellar todas mis puertas.

 

A veces, si mi bestia se ha dormido,

planeo una manera de escaparme:

me visto un traje nuevo, me anudo una corbata,

mas, vueltos al espejo mis dos ojos,

descubro que me mira un hombre muerto.

 

Y entonces, inhumano, desterrado,

retorno al colchón sucio de mi siglo

y cumplo un año más lejos de todo.

 

No he vuelto a escuchar luz.

No he vuelto a besar pulso.

Me alumbran y devoran la garganta

estrellas tan brillantes que son negras.

 

Mas dejo testimonio de que todas

las noches de mi vida he pronunciado

tu nombre con gemidos animales.

Tan fuerte te he llamado que no existe

frontera entre el aullido y mi persona.

 

Quizá sólo fui alguien un instante

del 8 de aquel junio de aquel año,

lo mismo que son hombres los que lloran

y dejan de existir los que no aman.

Amparo Santana

Amparo Santana
UN SUEÑO ENROSCADO

 

 

Al amanecer

se escapan las rosas del jardín

para bañarse en la fuente

con carpas ansiosas de tacto.

 

Los pájaros entonan

un réquiem

para saludar al mundo

que se apresura inquieto.

 

Por las calles circula

un olor a desayuno

que destila voluntades,

mientras unos pocos comen.

 

Y todo parece al revés

pero no importa,

se han convertido en humo azul

las jacarandas.