María José Pastor

María José Pastor

 

A Julia Kristeva

 

 

1

 

Recorro ese trayecto hacia los verbos

que levitando en azar se engarzan y

en sus hilos mis alas catalizan

y enlazan la escritura.

 

Camino hacia el recinto en que hechos aire

desnacen de su esencia mientras yo

apenas soy presencia y desconozco

los signos convenidos.

 

Me deslizo a lo hondo buceando

en busca de la espuma el burbujeo

en busca del bullicio donde hierven.

 

Y observo con los párpados cerrados

cómo pulsan mis células de nieve

y cabalgan curiosas las palabras

a lomos de pegasos que se besan.

 

 

2

 

Me traslado sin brújula y a tientas

con los brazos tendidos como el ciego

que palpa hasta topar con lo seguro

y se mece y se cobija en la música

del esférico vientre de su madre.

 

 

3

 

Sargazos en el cuerpo

claustro materno sedas

lamidos sargazos de infancia limbo.

 

Ingravidez de luna

arteria umbilical

sin sed de soluciones

letargo de ignorancia.

 

 

4

 

Pulsión que nos persigue

rabiando hasta la muerte

que fuimos escindidos .

 

Y por eso tus brazos…

tus brazos los abrazos

las olas los sargazos

tu sexo donde apago mis vaivenes

donde por fin se esfuma mi conciencia.

 

Un ámbito de síntesis

espacio en que sacudo

mis membranas porosas y el perfume

de mis humores flota en lo sagrado

ancestro que se incrusta en nuestros átomos

aroma que en el aire es innombrable.

 

 

Marcelo Díaz

Marcelo Díaz

 

(dos)

 

Miraste al mundo a la manera del mar.

Escalinatas de olas abriéndose con manos de pan se dejaban almar con tus ojos de fragua abiertos como almendras de cielo que ha vuelto ya de un infinito.

 

Ese dolor tuyo.

 

Dolor que ya nació en el manantial de una flor caliente.

 

Sabías sin que tu vida supiera.

 

Esa certeza era de tus ojos trayendo comprimida en un ala sin fronteras tu verdad de línea disparo de sendas desde el ático innumeral de tu viento.

 

Eras creyente.

Azogue de canela reposada que extendía el desierto amando la noche.

Yo quiero tu mirada

que araña el mundo

y desguaza la muerte.

Mar Busquets

Mar Busquets
ESTÁN TRISTES

 

 

Están tristes por eso, porque saben demasiado

NORBRANDT

 

Están tristes porque saben demasiado,

aunque no todo;

es una manera de tristeza racional,

digamos que afectada,

en la que cada quien se lamenta

en un lenguaje heredado

de lo difícil que es

vivir pegados a la desesperanza

de esa idea artificiosa

que nos mantiene cautivos,

pero no cautivados.

 

Por eso, porque saben demasiado,

ahora creen vivir la vida con mayor plenitud;

no es porque sepan que se van a morir

no es porque sepan que un solo Dios les esperará

al otro lado,

 

sino porque a pesar del esfuerzo

de saber demasiado,

nunca será lo suficiente.

Laura Peregrina

Laura Pelegrina
INFANCIA

 

 

Ella no pertenecía a nadie,

no tenia dueño, nada la contenía,

no era de ningún país,

ni a sí misma pertenecía.

 

Si el día era soleado andaba alegre,

si llovía confundía el sonido del agua sobre los charcos

con los latidos del corazón de un náufrago.

Decían que estaba loca.

 

Quise quererla así,

fijé mis ojos, en sus ojos suspendidos

entre lo tangible y lo irreal.

Ella estaba dentro, pertenecía a ellos,

pero no pude asirla.

Puede que aún siga conmigo.

 

Katy Parra

Katy Parra
DE NADIE A NADIE

 

 

El mar escupe muertos,

muertos imprevisibles,

muertos de cuatro años,

muertos recién nacidos,

mujeres y hombres muertos,

hinchados por la ausencia del oxígeno,

muertos desconocidos que aceleran

el paso decisivo de la muerte.

De nadie a nadie llegan,

tristemente escupidos

a un país extranjero,

escupidos no sólo por el mar,

sino por la barbarie y la metralla.

 

El mar escupe muertos

sin identificar,

y nadie quiere muertos si son desconocidos,

si llegan a tu casa huyendo de una guerra

y vienen abrasados por la huida.

 

Es más fácil mirar para otro lado.

El mar sabrá por qué se deshace de ellos.

Juan Pablo Zapater

Juan Pablo Zapater
LA EXTRAVIADA

 

 

Tu voz me conmovió desde el principio,

cuando apenas tu idioma conocía

y llenabas con nuevos evangelios

la bóveda del alma.

 

Aquellos cantos mágicos tan tuyos

sonaban como música traída

de un reino prodigioso, como rezos

que buscaban un dios

escondido entre pétalos de rosa.

 

Juré tomar tus hábitos y anduve,

descalzo y penitente,

en mi humilde labor de escribanía.

Yo quería imitarte: por las noches

me sentaba a tu lado y de mi pecho

se escapaban también aves azules.

 

Eras tan especial, tan poderosa,

que pronto decidí afrontar contigo

los momentos de duda, los reveses

del amor y la vida, circundados

de encierro y soledad. Yo te llamaba

espadas como labios, la voz a ti debida,

canción desesperada y otros nombres

preciosos como esos.

 

Mas algo en mí cambió y en veinte años

dejé de convocarte y me entretuve

montando otros caballos de batalla.

Olvidé la ternura de tus brazos

y también su desnuda fortaleza.

 

¿Fui yo quien te perdí? Nadie te huye

si no le das la espalda, si no cesas

de decirle al oído esas verdades

que sólo tú conoces.

Qué larga fue la noche de tu ausencia,

qué enferma de silencio.

 

Hoy has vuelto, tan honda y luminosa

como yo te recuerdo, sin dejarme

ni entonar un reproche.

 

Y el verso que derramas en mi frente,

hecho de luz cantada y viento dulce,

renueva mi bautismo con su lluvia

de benditas palabras.

 

 

(Del libro La velocidad del sueño)

Juan Pardo

Juan Pardo
LA CASA DE MADERA SOBRE EL ÁRBOL

 

 

Donde nuestra memoria pide asilo

siempre habrá un nido al que trepar en busca

de un polluelo emplumado y una rama

quebradiza que nos traiga de vuelta

a la realidad de los semáforos

y las prohibiciones de los años.

Cosas de niños, árboles y pájaros,

la infancia es un país que ya no existe.

Juan Noyes

Juan Noyes
SUMA SOLAR

 

 

Para Marta, in memoriam,

                        y para Andrés Sánchez Robayna.

 

No separes, Señor, así en los cielos, a quien ha consagrado tan altamente amor, aquí en las secas rocas, con las saetas de un sol de cristal.

De ese sol malherida la añoranza de un cuerpo, y en la academia del llorar cansado por la que fue la mitad de sí mismo.

Aquí sella los labios, buscando en mar océana fundamento y castillo para el huerto angustioso. ¡Locura transformada en la forma más alta de razón!

Aquí sella los labios, la resurrección de la carne anhela, con la pujanza de este ser ahora, con la añoranza de este ser vivísimo.

Con la añoranza de este ser vivísimo, y en la pasión ascensional del cántico, caen los requiebros del agua pura.

Caen los requiebros del agua pura, evocando un día de aire, en la torre.

 

 

24 – 25 de diciembre y 2015